"Al trabajo no se viene a buscar marido", pensé mientras K me presentaba a los que serían mis co-workers por los próximos seis meses. Luego pensé en F, una amiga con la que conversé hace poco que me decía que había que tener paciencia, pero que se le notaba algo de decepción en la voz, como quien piensa que no hay muchos lugares nuevos donde conocer tipos nuevos y estamos patéticamente destinados a chocar con los mismos tipos de siempre, los presuntos implicados de nuestras vidas amorosas, y por más que a la gente le encante pensar que menganito, el que no te dio bola hace dos años atrás, de pronto te ve y se enamora de ti, es el ideal del romance, pues vale la pena decir que yo no soy como mucha gente. Todo esto pasaba por mi cabeza mientras miraba a mis co-workers: viejos, feos y aburridos. Este no es lugar para un fling, de ninguna clase.
Mejor, a mi no me gusta cagar donde como.
Aunque, aceptaré, en el pasado hice algunas excepciones.
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